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Full text of "El general José M. Gómez : estudio de los más importantes aspectos de su vida"

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ESTUDIO DE LOS MAS IMPORTANTES 
- > - ASPECTOS DE SU VIDA - - - 



RODOLFO Z. CARBALLAL 



CON PROLOGO DEL 



DR. LUIS A. MUSTELIER 



HABANA 

IMPRENTA T PAPELEEIA DE HAMBii, BOUZA X CA, 

OBISPO, JfTTMEEOS 83 X 35 

1013 

UNIVERSÍTYLIBRARY 

UN1VERSITY OF NORTH CAROLINA 
ATC1IAPELHILL 




GENERAL JOSÉ M. GÓMEZ 
Presidente de la República. 



PROLOGO 



PROLOGO 



Si la amistad pura que profeso al Sr. Rodolfo Z. Car- 
ballal no me obligase de una parte, y de la otra no me 
alentase el deseo de contribuir á una buena obra, de cierto 
que habría yo declinado el honor de escribir unas cuantas 
frases que sirvieran de prólogo á este libro. Aquella amis- 
tad y aquel deseo son, pues, los únicos resortes que esta 
vez han movido mi voluntad, las fuerzas únicas que han 
logrado llegar hasta el confín de mi retraimiento, para asal- 
tar mi espíritu con una grata nueva y 'luego hacerle sentir 
la amable imposición de que mi nombre sea dado á la luz 
pública, trayendo todo ello aparejada la necesidad, por 
parte mía, de romper con el propósito que habíame for- 
mado de defender, en todo tiempo y á toda costa, la inte- 
gridad de mi reducto, de este retiro voluntario mío donde 
el aislamiento y el silencio son mis escudos mejores y des- 
de el cual há tiempo que observo, con imparcialidad y 
desinterés bien explicables, cuantos acontecimientos de di- 
versos órdenes se desarrollan en Cuba, constituyendo el 
incesante vaivén de esa inmensa ola que llamamos nuestra 
vida nacional. 

Otra idea mejor no pudo ocurrírsele al Sr. Carballal 
para su nueva obra: acaso en el vasto horizonte de las 
creaciones humanas, allí donde busca el hombre rastros de 
luz que seguir con su imaginación, no hubiera encontrado 
el joven escritor punto más brillante que irradiara sobre 
las hojas en blanco de su pretenso libro; porque si cierto 
es que entre los méritos que debe reunir toda obra está el 
esencial de que sea, ante todo, oportuna, por demostrado 
queda que el libro del Sr. Carballal atesora, en altos 
quilates, el aludido mérito y habrá de alcanzar el éxito 
que legítimamente merece, ya que como verdades incon- 
cusas podemos declarar, que es la política lo que en estos 
momentos embarga la atención preferente de casi todos 



los cubanos, y que dentro de ese aspecto de nuestra vida 
pública, aparece la personalidad del Gral. José Miguel 
Gómez como la figura más interesante del día, como la que 
hoy más poderosamente atrae las miradas de todo nuestro 
pueblo, que en su generalidad le respeta y le ama y hasta 
parece atribuirle la doble significación de Jefe actual de 
nuestro Estado y de factor influyente en el porvenir de 
Cuba . 

Momento propicio ofrecían las nuevas complicaciones 
de nuestra vida política, para que autorizada pluma co- 
mentara, siquiera fuese con la brevedad que impone siem- 
pre la corta extensión de un libro, los rasgos más salientes 
del hombre que por espacio de algunos años ha venido sien- 
do el más esforzado paladín de nuestros políticos, y durante 
los últimos cuatro, el arbitro de todo aquello que haya de- 
pendido, en cierto modo, de la acción directa de nuestro 
gobierno. Mas no era el caso redactar, con más ó menos 
elegancia de estilo, un panegírico del Gral. Gómez, bien 
cargado de hipérboles, muy pródigo en frases pomposas 
de adulación mezquina, pero laudo al fin huero por com- 
pleto, desprovisto de toda apreciación reflexiva, de todo 
sensato razonamiento, patrimonios 'reservados sólo al es- 
critor de espíritu noble, que al ponerse en contacto con el 
público muéstrase sincero invariablemente y procura siem- 
pre analizar todo cuanto trata y trata siempre de analizar 
todo cuanto en su obra signifique la razón de un elogio 
por parte suya. Lo bueno, lo edificante, lo digno de espe- 
rarse era un estudio crítico juicioso de la vida del ciudadano 
que hoy rige nuestra Nación, del hombre público que en re- 
petidas ocasiones ha sabido tener en expectación á los 
habitantes todos de la República, y alrededor de cuyo nom- 
bre aparece, cada vez más densa, una aureola de populares 
simpatías, que bien puede inducirnos á pensar en lo po- 
sible que al Gral. Gómez le habría sido, de ser así su 
deseo, refundir en una sola das voluntades del pueblo cu- 
bano en su inmensa mayoría y atraerse, en un momento 
dado y como al conjuro de su personal influjo, todos ó 
casi todos los votos de los elementos que integran nuestra 
gran masa electoral. Y he aquí precisamente lo que con su 
nueva obra ha conseguido el Sr. Rodolfo Z. Carballal: 
triunfo admirable del escritor correcto y conciso que supo 
copiar en las páginas de su libro, con la exactitud y la fir- 
meza peculiares de la mano hábil de un maestro, la figura 
entera, cabal del caudillo egregio que hoy preside nuestra 
República. 



Nada falta á la flamante obra del Sr. Carballal. Dígase 
de ella lo que de los grandes cuadros de los genios del 
pincel : que son prodigios de almas enamoradas del Arte, 
que, en momentos de abstracción sublime, supieron llevar 
á sus lienzos la semejanza, el colorido, la expresión y los 
encantos todos de la propia Naturaleza. 

Pero no se conforma el autor de este tan valioso libro 
con mostrarnos al Gral. Gómez en su magnífico retrato 
de cuerpo entero, sino que hace más : gira con su poderoso 
espíritu analítico en derredor de su hombre, y va presen- 
tándolo, cada vez de manera distinta, hasta agotar el ma- 
yor número de faces que puede ofrecernos la más com- 
pleta personalidad. El ciudadano, el patriota, el revolucio- 
nario, -el político, el estadista, el gobernante, todos tienen 
una importancia, todos brindan un interés á la pluma dies- 
tra del publicista, que narra cuidadosamnete la vida del 
Gral. Gómez, desde su juventud estudiosa hasta el mo- 
mento actual, <en que se dispone á abandonar la primera 
magistratura de nuestra República, éxodo que indudable- 
mente robustecerá los prestigios personales del patricio 
ilustre que, con sincera honradez, supo rehusar el reiterado 
ofrecimiento de sus compatriotas cuando nuevamente le 
designaban para el desempeño de aquel elevado cargo. 

En todas partes y en todas las épocas de la humana 
existencia, hay momentos en que, por virtud de circuns- 
tancias especiales, la realización de una obra, cualquiera 
que su índole sea, viene á satisfacer una necesidad pública, 
bien sentida y determinada por el interés vivísimo que en 
todo pueblo siempre despierta una idea ó un hombre capaz 
de influir de alguna manera en su desenvolvimiento, bien 
sea removiendo las bases principales de su constitución ó 
ya simplemente marcando nuevas orientaciones á sus di- 
versos organismos. Aquí en Cuba, donde el sano impresio-' 
nismo de nuestro pueblo exagera la nota de sentimiento en 
todo asunto que le afecte, viene suscitándose el caso á que 
nos referíamos y que, si bien deja sentir por acción refleja 
su influencia en otros órdenes de nuestra vida, tiene sólo 
su origen, su capital asiento en el campo de la política, 
que en estos últimos tiempos manifiéstase más agitada que 
nunca y presentando los caracteres de una inminente cri- 
sis. L,os varios cambios que ella ha sufrido recientemente, 
las fuertes sacudidas de que ha sido objeto por parte de 
ambos bandos contendientes en nuestros últimos comicios, 
verdaderos orgasmos de nuestro gran núcleo electoral, 
han concluido por dar al traste con la serenidad y el buen 



10 

juicio que las cuestiones públicas reclaman y requieren los 
ciudadanos todos de un país que hayan de aportar sus es- 
fuerzos á la gran causa del bienestar común, necesitando 
para ello de un buen número de garantías, muchas de las 
cuales no habrán de detenerse allí donde un límite les se- 
ñale el concepto de las leyes, sino que deberán trascender 
al terreno moral, para defender de toda violencia y man- 
tener siempre incólume el sagrado principio de la libertad 
individual. Y en medio de ese estado lastimoso de nuestra 
política, de ese desconcierto brutal á que la han llevado 
espúreas pasiones de algunos de sus mismos hombres, el 
pueblo, ese conglomerado noble siempre en esencia y he- 
roico por razones étnicas, sufre y se indigna y se retuerce 
impaciente ante una amarga realidad que él no ha traído, 
ante una situación dolorosa que se le impone tal vez como 
irónico castigo de su propia mansedumbre. Y se exaltan 
los ánimos y las concupiscencias crecen, y surgen las pro- 
testas y apréstanse las defensas, y todo ello, como ocurre 
siempre que la política impera, desarróllase en torno de 
unas cuantas personas que llevan da representación popular, 
adquirida unas veces, usurpada otras, pero que en todo 
caso les da autoridad suficiente para actuar en nombre de 
una respetable parte de su pueblo. Y en Cuba nadie ignora 
quiénes son esos magnates de nuestra política, entre los 
que abunda, por desgracia, la gente de pocos escrúpulos 
en materia de patriotismo y muy apegada en cambio á la 
propia conveniencia, pero entre los que también hay hom- 
bres honorables, á quienes una limpia historia de patrio- 
tas y una ejecutoria de ciudadanos dignos ponen á salvo de 
toda posible desconfianza y de todo desfavorable prejuicio. 
El Gral. José Miguel Gómez corresponde á esta última 
clasificación de nuestros connotados políticos ; á él debe 
comprendérsele entre el escaso númreo de hombres que en 
nuestra política proceden de buena fe; porque así lo han 
demostrado siempre sus actos en la vida del simple ciuda- 
dano y en da esfera del alto gobernante; porque así lo apre- 
cia la generalidad del pueblo cubano, que años atrás lo 
exaltó al cargo máximo de nuestra República y que, en 
estos últimos días de su período presidencial, no ha cesado 
de manifestarle un profundo desagrado ante su actitud re- 
suelta de no seguir asumiendo el mando supremo de nues- 
tro Estado. 

Por eso decíamos en párrafos anteriores, que hay mo- 
mentos de la vida pública en que la realización de una obra 



II 

satisface una necesidad del pueblo, y por eso decimos aho- 
ra, que el libro del Sr. Rodolfo Z. Carballal es la obra 
realizada que en Cuba viene á satisfacer aquella necesidad 
sentida actualmente por nuestro pueblo, por ese pueblo 
sufrido y generoso á quien los últimos acontecimientos po- 
líticos parece haber herido en lo más hondo de su senti- 
miento patrio, y que hoy, mustio y como quebrantado al 
peso de los errores cometidos, alza su vista otra vez para 
fijarla ávida en el hombre capaz de ser su égida ante 
las desventuras que empiezan ya á amenazarle, y, con el 
gesto de la desesperación profunda, cifra de nuevo en él 
sus esperanzas todas, y le invoca y le bendice al fin, como 
recordando que no sólo desde la Presidencia de una Repú- 
blica puede defenderse el honor y la libertad de un pueblo. 
Nuestro medio, algo rehacio siempre ante todo lo que 
diga favor y protección á la obra impresa, de seguro que 
esta vez corresponderá como debe al meritísimo esfuerzo 
realizado por el Sr. Rodolfo Z. Carballal, á quien cabrá 
el doble éxito de haber publicado un libro de grandes pro- 
mesas en el orden económico y de haber producido una 
obra hermosa, de verdadera importancia para todo cubano 
que guste de conocer las virtudes de los héroes de la Pa- 
tria, pero cuya mayor demanda estará justificada por la 
coincidencia de su aparición con la ya cercana fecha me- 
morable — 20 de mayo de 191 3 — en que dejará la Presi- 
dencia de nuestra República el Gral. José Miguel Gó- 
mez, persona á quien están dedicadas las páginas de este 
volumen y cuya próxima salida del Gobierno es, á juicio 
de nuestro autor, nexo precioso que unirá la era del gober- 
nante con la vida del político, con la vida del ciudadano de 
acción que, lleno de nuevos bríos, seguirá siempre al ser- 
vicio de la Patria y á ella siempre consagrando los afectos 
tiernos de su corazón, las energías de su voluntad de acero 
y los alientos poderosos de su gran alma, síntesis de fuer- 
za cuyo simbolismo mejor sería el propio triángulo de 
nuestra gloriosa bandera nacional. 

luis a. MUSTELIER. 

Habana, marzo de 1913. 



ÍNDICE 

I. INTRODUCCIÓN. 
II. EL HOMBRE. 

III. EL REVOLUCIONARIO. 

IV. EN LA PAZ. 
V. EL POILTICO. 

VI. SU OBRA. 
VII. CONCLUSIONES. 



INTRODUCCIÓN 



¡Este libro no es una paradoja: lo será para el espíritu 
sectario, estrecho, que no sabe mirar las cosas, las opinio- 
nes y los intereses ajenos por encima de los propios; ade- 
más, al margen de todo acontecimiento, cabe una acota- 
ción, un juicio ó una idea. El concepto definitivo no se es- 
tablece sino cuando los lados opuestos, las tendencias ri- 
vales, las corrientes antagónicas se organizan, se aclaran y 
se definen. Pudiera decirse que la verdad histórica ó bio- 
gráfica — para colocarnos dentro del propio terreno — no tie- 
ne más completos datos. Así, no se alcanza á comprender 
la razón, lo justiciero de nuestras guerras de independen- 
cia sin tener la noción precisa de lo que era la colonia . . . 

Al calor de las campañas grotescas, de las acusaciones 
gratuitas, de los ataques escandalosos de que ha sido objeto 
tanto la personalidad como la Administración del General 
José Miguel Gómez, en los cuatro años que son gobierno 
y que constitucionalmente abarcan del 28 de enero de 1909 
al 20 de mayo de 1913, no era posible establecer un criterio, 
lejanamente de lo que han sido en verdad. 

De ello la razón de estas páginas de sinceridad y patrio- 
tismo. No va á erigirse este libro en una barra de defensa : 
esto sería sectario, contrario á la nobleza de su propósito; 
pretende analizar ,definir, exponer, lisa y llanamente la 
psicología, el mérito del personaje que ocupa la Presiden- 
cia de la República y lo que de beneficioso y de importancia, 
realizara para el país su administración. La prensa no sólo 
de oposición, sino la que más tarde se fundara para com- 
batirlo y denostarlo, y las pasiones políticas desencadena- 
das en mítines, comités y discursos, constituyeron voz, tri- 
buna, proclama, de difamación y desprestigio, cotidiana- 
mente, fatalmente . . . Sabemos que la verdad en la vida 
política de las democracias, se refugia en los gabinetes de 
estudio ó en los ostracismos de la competencia para la vida 
pública : las campañas por ello participan de todas las vio- 



i8 

Iencías y de todas las inconciencías ; la mentira, la calumnia, 
el golpe de efecto, son el alma de todo artículo ó discurso. 

El escándalo traspasa los límites normales, á fuerza de 
su propia anormalidad, cuando un grupo de eminentes y 
prestigiosos cubanos, creen patriótico v elevado trabajar 
por la reelección del General José M. Gómez para un se- 
gundo período presidencial; se encuentran ante invenci- 
bles obstáculos que no son precisamente los que opone el 
patriotismo ni la salvación de los ideales del Partido Libe- 
ral: la ambición desmedida, la deslealtad política y la im- 
popularidad dominando en las camarillas, corroen la uni- 
dad del partido, tergiversan la realidad política y hacen 
de la opinión juguete de falsedades y actitudes interesa- 
das, egoístas. . . 

Peligrosas tendencias aparecen dentro de nuestra prensa. 
Priva la reproducción de todo artículo extranjero que com- 
bata al Presidente y á su gobierno. Se conoce el deseo 
"non sancto" de aquella prensa cuando se ocupa de 
Cuba; pero no debe decirse puesto que no debe serenarse 
el estado de agitación favorable á descontentos y agoreros. 
Es trasunto fiel de una política internacional que esconde 
¡desde luego! las caricias de mercaderes absentistas, que 
sueñan con nuevos proconsulados, con nuevas caídas de la 
República, para que sea pasto de concesiones escandalosas, 
negocios pingües ; pero lo importante es desacreditar al 
gobierno propio, á la situación cubana. . . 

I Ninguna página de nuestra historia encierra más amar- 
gura para la dignidad cubana que la funesta tendencia!: la 
tierra de Saco, de Várela, de la Luz, de Martí combatiendo, 
á sus propios representantes con conceptos extranjeros que 
lo mismo se usarían para una situación contraria ! 

¿Hacia dónde vamos con estos procedimientos? No es 
posible preverlo. Sugieren eso sí reflexiones muy tristes. 
¿No existe una cultura y una inteligencia cubanas capaces 
de analizar la vida de la nación y darle soluciones á sus 
errores, problemas, desde un punto de partida y de vista 
nacionales, cubanos? Nuestra tradición cultural constata 
ese aspecto nacional, cubano en obras como los "Papeles", 
de Saco, la de Carlos M. de la Cruz en "Cromitos Cubanos" 
y otros muchos. Después de la evacuación de España, la co- 
rriente nacionalista no aparece sino á grandes ratos. "Cuba 
debe seguir sus inspiraciones propias, — escribe nuestro jo- 
ven literato José Antonio Ramos, en libro reciente sobre 
los problemas sociales y políticos de Cuba, — nacidas de sus 



19 

hijos, que no son inferiores ni rencos en materia de pen- 
samiento." Negar esto, equivaldría á negar la patria, á 
negarnos á nosotros mismos como hombres libres y capa- 
ces de dirigir nuestro propio destino." 

"Aparecer es renunciar á ser" ha dicho uno de los más 
grandes intelectuales de la América : ese es el problema ; 
tal parece que nos basta con aparecer independientes, que 
hemos renunciado á serlo ; se nos habla de agradecimientos, 
de realidades internacionales; para muchos es poco todavía 
los lazos que nos unen al Coloso yankee; pjero olvidan entre 
otras muchas cosas que uno fué el ideal de independencia 
á través de nuestra historia y otra la situación posterior á 
las intervenciones americanas ; que una fué la ayuda que 
dio á la consecución de nuestras libertades el pueblo ame- 
ricano, y otra la intención que tuvo el gobierno americano 
al imponernos la llamada Enmienda Platt. Aquellos mo- 
mentos no fueron los más á propósito para rechazar el 
nuevo dogal, . . . pero nada ni nadie evitará que esta so- 
ciedad labore cada día con más ahinco, con más entusiasmo 
por la consecución de sus más grandes ideales, no por 
medio de gestos ridículos y belicosos de guerras en lo que 
ningún nacionalista ha pensado ni pensará, sino por medio 
de una política de orden, de progreso, de cultura, de garan- 
tía de vida y haciendas. 

Si la Enmienda Platt fué el triunfo de la diplomacia 
yankee por la fuerza de las armas ó su fantasma, la con- 
solidación de la independencia nacional tiene que ser, por 
la fuerza de la cultura, la justicia y el derecho. 

No esgrimió parte seria de la prensa nacional, semejante 
arma de combate : cuando atacó al General Gómez y su 
administración, lo hizo siempre desde un punto de vista 
elevado, de verdadera controversia política; y no bajó á 
los escándalos de la acusación sin pruebas, ni apeló á los 
grandes epígrafes en primera plana, buscando efectos sor- 
prendentes en el alma ingenua de nuestro pueblo. 

Después, han actuado diversos factores en esta etapa de 
la sociedad cubana : la contradicción ha sido nuestra psi- 
cología nacional durante unas cuantas horas; cada acon- 
tecimiento ha sido una dificultad que vencer; cada decreto 
una tempestad de ataques y de calumnias de todos lados; 
cada presupuesto un reguero de pólvora que estallaba en 
gritos y amenazas de intervención económica extranjera, 
artera é inconsciente invocada por enemigos y desconten- 
tos : campañas escandalosas, amenazas, acusaciones, ataques, 



20 

ingratitudes, irrespetuosádades y traiciones han desfilado 
ante este gobierno. 

El Partido Liberal no sostiene su cohesión de otros días : 
la solidaridad y la compenetración de algunos elementos 
de ese organismo con la obra del Gobierno, no es perfecta, 
abierta, honrada. Había algo ó mucho de convencional en 
la actitud; sin temor á réplicas ni falsear la verdad de los 
hechos, puede decirse que el Partido Liberal se fracciona en 
los que están al lado del Gobierno, haciendo obra patriótica 
y velando por los intereses del Partido Liberal, y los que 
no son ni una cosa ni otra : unas cuantas prebendas, sinecu- 
ras, destinos, indultos... 

La Asamblea (?) del Partido Liberal reunida en 16 de 
abril de 1912 para postular candidato á la Presidencia de la 
República, perdió de vista las realidades que acechaban al 
Partido en plena crisis y los altos intereses nacionales. La 
nación observó que no iría al Gobierno de nuevo el Partido 
Liberal sino una minoría; previo que la anormalidad de 
todos los antagonismos prevalecería, y ante la necesidad de 
Gobiernos constituidos por partidos fuertes y serios la de- 
cisión no se hizo esperar. 

La oposición no hacía más que cumplir con sus deberes 
cuando fiscalizaba los actos del gobierno. 

La personalidad revolucionaria, política, patriótica del 
insigne General José Miguel Gómez y una síntesis de su 
obra han sido todo el programa que nos hemos trazado, al 
escribir estas páginas, pero por encima de todo demostrar 
que una ha sido la realidad respecto del hombre que ha 
ocupado la Presidencia y su obra, y otra cosa la campaña 
que contra estos aspectos de nuestra vida nacional, durante 
los años de 1909 á 1913, han puesto en práctica libelos y 
pasiones políticas desencadenadas ! 



II 

EL. HOMBRE 



II 



Nada tan interesante, tan lleno de saludables enseñanzas 
cívicas, ni tiene más alta cátedra el patriotismo, que el es- 
tudio de los grandes caracteres que han influido en nuestra 
historia, tan llena de heroísmos sin cuento, de sacrificios 
ingentes, de constantes cumplimientos del deber sin pos- 
teriores recompensas, ni discusiones del precio á los gesto-;, 
cuya única condición posible de nobleza rechaza toda la- 
ceria de usura ! ¡ Qién sabe si toda nuestra historia repu- 
blicana repleta de errores, sea hija de una sociedad que 
apenas se compenetra, conoce sus anales de legítima gloria ! 
¡ El gran patriotismo cubano necesita de ese gran toque 
final y animador ! 

Necesitamos á toda costa volver los ojos á los viejos 
ideales cubanos : hay que cultivarlos, hay que amarlos, 
hay que respetarlos y hacerlos respetar contra viento y 
marea. No importan los dicterios del agorero ni las burlas 
del hombre práctico : hay que llevar un Quijote den- 
tro del alma cuando de la patria se trate. Sepamos que 
el concepto denostador del gran idealismo, es un tercio de 
tabaco que se pretende vender. Cuba tiene una hermosa 
historia, una gran historia. ¿ Por qué hemos de buscar la 
manera de quebrar su hermosa unidad?; ¿por qué necesi- 
tamos de otros hombres, de otros pueblos, de otra raza para 
suplir lo nuestro, lo íntimamente nuestro? 

Una hojeada de la época de los días en que nace el Gene- 
ral José Miguel Gómez hasta el momento que ocupa la Pre- 
sidencia de la República, llevan al alma de todo buen cubano 
•la visión de una serie de acontecoimientos, de empresas, de 
sacrificios, de bancarrotas, de esfuerzos por la libertad, la 
independencia absoluta, el derecho, que siente su dignidad 
herida y su conciencia sombreada, cuando un grupo de cu- 
banos, por la menor de las contrariedades, vuelven sus 
ojos á la lejana ciudad de Washington ! 

El día 6 de julio del año 1858 nace el General José M. 



24 

Gómez, en la ciudad de Sancti Spíritus, provincia de San- 
ta Clara. 

Crece al calor de las equivocaciones irreparables de la 
colonia. Ve sus injusticias, sus atropellos, sus desmanes. 
El cubano es un extraño en tierra propia, es un paria. . . 
El corazón late con la lectura, con la recitación de los poe- 
tas que cantan de manera simbólica, gestos de guerra, pro- 
mesas de libertad, reivindicaciones del derecho hollado, de 
la dignidad maltratada... Heredia, Quintero, Tourbe To- 
lón, son las voces bélicas que cantan, entonan, la Marse- 
llesa del patriotismo cubano. La escuela es tribuna de cu- 
banismo y mensaje de libertad á las nuevas generaciones 
con maestros como don José de la Luz y Caballero, don 
Félix Várela. La filosofía ensaya un criterio indepen- 
diente del que conviene á la colonia y al través de sistemas 
más avanzados, abstracciones más sutiles, la conciencia de 
un pueblo, adquiere nociones, rectas de regeneración. Un 
hálito de deberes que cumplir toca á todos los corazones 
nativos. Se siente un pie en los estribos del belfo que Martí 
quiere que salga de las cuadras para hacer la independen- 
cia de su pueblo. En la diestra parece acariciarse el secular 
machete que hiere de un tajo el fantasma de la colonia. 

Hijo de una de las principales familias de Sancti Spí- 
ritus José M. Gómez, en medio de la opulencia, de los re- 
galos de una intensa vida social no pierde de vista el estado 
del país, se siente atraído á sus grandes dolores, á sus acer- 
bas tristezas. Estudia. Esto ayuda á su gran cerebro á com- 
prender la verdad que hay en la situación general de su 
país. Se siente identificado á las grandes aspiraciones de 
su pueblo. Su generosidad, su gran generosidad no puede 
asistir á tanto atropello, á tanta injusticia, sin rebelarse 
iracundo, resuelto. Su modestia jamás desmentida, acaso, 
piensa que no es el el llamado á dirigir aquel movimiento 
de protesta y libertad. Es joven también. De las lecturas 
que hace — y esta es una de sus grandes pasiones desde niño 
— llega á conocer la democracia, sus hermsoas organiza- 
ciones, sus fecundas instituciones y se enamora de ella 
con todos los entusiasmos de su noble juventud y todas las 
energías de su carácter íntegro, decidido, de madera de 
director de muchedumbres. 

En 1875 se recibe de bachiller en Ciencias y Artes en el 
Instituto de la Habana, de donde sale para la revolución. 
"En los de la adolescencia, escribe uno de sus más entusias- 
tas biógrafos, cuando la juventud le incitaba á disfrutar de 



¿5 

la molicie y el sensualismo, abonados entonces en nuestro 
país por un régimen político enervante y depravado, la voz 
de la libertad despertó su conciencia de demócrata y cu- 
bano, lanzándose al campo de la guerra que inició en Yara 
el 10 de Octubre de 1868, el egregio Carlos M. de Cés- 
pedes." 

Es sobre todo un gran carácter, una voluntad de hierro 
en todos los momentos de su vida; ante las grandes tribu- 
laciones de la vida privada, y ante las grandes perplejidades 
de su existecia pública, es José Miguel Gómez un ecuá- 
nime. Trabajador incansable, no da en los días de la paz 
que siguen al triste Pacto del Zanjón, tregua á los deberes 
que se ha impuesto; se dedica á reconstruir la hacienda de 
su familia, ejemplo de virtudes y patriotismo, y en poco 
tiempo la aumenta y consolida. . . De ahí que fuera siempre 
para su hogar, entre los suyos, consejo y dirección, amor 
y respeto. 

Asistió al desenvolvimiento político de su pueblo con la 
doble experiencia del hombre de negocios y del colono opri- 
mido. Oyó las arengas evolucionistas del Partido Autono- 
mista y con ello robusteció sus esperanzas de cubano y sus 
ensueños de patriota. Acaso no simpatizó con las buenas 
nuevas de reforma política que traían aquellos oradores 
conceptuosos pero comprendería que abría un hondo surco 
á quienes no despertaron las batallas del 68. 

Esperó. ¡Cuántas veces soñaría con precipitar la hora de 
las reivindicaciones finales ! Cuando estalló el grito de Bai- 
re, José Miguel Gómez, como todo buen cubano, se lanzó á 
los campos de combate. . . 

En la contienda guerrera, en el acto cívico, en el negocio 
particular, el General José Miguel Gómez es siempre el 
mismo, recto, sincero, honrado : conoce todos los resortes 
del corazón humano, las debilidades del hombre y lo que 
verdaderamente conoce es la psicología, no ya de su pueblo 
sino de los que circunstancias históricas han erigido en 
hombres eminentes, directores de partidos, jefes de camari- 
lla. Tiene la noción clara y precisa de las pasiones de su 
época. Conoce á fondo la política, no como es en un pueblo, 
sino como arte que sortea todas las difiicultades, todos los 
ataques, cuando se quiere servir á un país con patriotismo, 
se quiere dirigir una sociedad hacia la libertad y la vida 
del derecho y de la soberanía por encima de todas las barre- 
ras de una época de formación de una conciencia nacional. 
Es una obra que sobrepuja las fuerzas humanas, para la 
que hacen falta grandes energías, grandes iniciativas; pero 



20 

á él le sobra todo. La ingratitud no importa. Las acusacio- 
nes gratuitas, las campañas periodísticas son nada ante la 
satisfacción de los deberes cumplidos el servicio doloroso y 
desinteresado de la patria. Después de todo: Cuba es su 
gran pasión. Donde quiera que vaya demosttará que es un 
gran patriota, un gran cubano. 

José Miguel Gómez patriota, revolucionario, Gobernador 
Civil, político, Presidente de la República, es una carrera 
gloriosa, cuya divisa más alta ha sido Cuba. 

Las pasiones de la época, las circunstancias de una lucha 
política donde los intereses nacionales se abandonan para 
dar margen á todas las concupiscencias, á todas las ingra- 
titudes, podrán haber creado una atmósfera más ó menos 
desfavorable á su persona y á su obra, pero pocas vidas 
ha habido en Cuba que tomaran parte tan activa, tan desin- 
teresada en los asuntos públicos. 

Gobernar una sociedad en pleno estado de formación no 
es lo mismo que dirigir un pueblo, cuya vida está regulari- 
zada, cuyas instituciones están consolidadas. Puede que esto 
sea una perogrullada, pero en Cuba hay quienes creen que 
la historia, la evolución de una sociedad ó de un pueblo es 
tan exacto como sumar uno y uno para que sean dos. 

Abandonemos toda idea y desechemos todo gesto que 
no sea expresión fiel de un sentimiento y un alto interés 
nacional. 

Este gran carácter histórico y esta Administración han 
afrontado el proceso más difícil porque ha atravesado la 
sociedad cubana. Juzgúesele en buena hora, combátasele si 
se quiere, pero hagámonos de un sentido cubano, el que no ve 
en la millonada de notas extranjeras una sola, única y ge- 
nerosa intención de moralidad, económica, administrativa, 
política donde ha existido, sino los estertores, las últimas 
boqueadas de la agonía imperialista. 



III 

EL. REVOLUCIONARIO 



III 



En Yara, el de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspe- 
des, lanza el grito de libertad á la Colonia dormida y vili- 
pendiada. La hora del deber ha sonado para todo el que 
no quiera llevar el nombre del amo en la frente. La socie- 
dad cubana asiste á aquel espectáculo, ya haciendo á sus 
hombres servir á la causa, ya ayudando desde las ciudades 
formando clubs secretos, ya desde la emigración laborando, 
allegando recursos, organizando expediciones. Pero nadie 
osa discutir una ofrenda á la patria, nadie deja de elevar pre- 
ces al Altísimo por su libertad, su redención final. En el 
campo se oyen los trotes de la legión libertadora en la mar- 
cha tras el deber; en las ciudades se cruzan las balas y se 
efectúan combates encanizados entre españoles y cubanos. 
La Habana arde bajo las agitaciones de una hora de desa- 
sosiego y sus calles y plazas parecen un campamento enor- 
me. Los fusilamientos comienzan, las deportaciones cunden 
y la solvencia cubana degenera en un cruel despojo, en la 
confiscación de bienes y riqueza más grande que registran los 
anales de historia alguna. ¡ Yo quisiera ver á muchos de esos 
cubanos que para el menor tropiezo de sus intereses, vuelven 
sus ojos á Washington, contemplar siquiera momentánea- 
mente la documentación que sobre tan dolorosa página de 
nuestra historia se guarda en nuestro Archivo Nacional ! Yo 
creo que ello sólo serviría para convertir á muchos, que creen 
que la patria no es más que unos cuantos menudos que llevan 
en el bolsillo . . . Mírense en ese ejemplo de generoso des- 
prendimiento, cuando la seguridad de inminentes banca- 
rrotas y miserias en los seres más queridos no detenían á 
los patriotas en el entusiasta servicio de la patria. 

Uno de los primeros en acudir al llamamiento es el Ge- 
neral José M. Gómez: vivía en Sancti Spíritus en medio 
de riquezas y honores, con una elevada posición social, Cu- 
ba lo necesita, Cuba lo llama. Tenía mucho que perder. 
Abandonó á su familia. Y se marchó al campo. Se distin- 



3o 

guió por su valor. Muchas veces rayó en temeridad. Sus 
jefes comprendieron su gran condición de jefe aguerrido y 
ya después del bochornoso y triste Pacto del Zanjón, en el 
año 1879, en aquel segundo y desgraciado conato de revo- 
lución libertadora, vuelve á la lid, organiza una partida en 
la jurisdicción de Sancti Spíritus y alcanza el grado de Te- 
niente Coronel. Apuesto y aguerrido, patriota y cubano 
irreductible, como Maceo, Fernando Figueredo y otros, 
fué de los últimos en abandonar la causa. Cuba seguía irre- 
denta, maltrecha, pobre. .La paz material se implantó. La 
paz moral murió de una vez para siempre en la Colonia. 
Había que seguir conspirando, alentando la generosa idea 
de una patria libre. En el seno de los hogares no se perdió 
un detalle interesante de la épica jornada, ni los cuentos 
en los que el heroísmo traza encantos de leyenda. Cuando 
se recuerda el episodio horripilante del 27 de noviembre 
de 1 87 1, la sangre se hiela, un sentimiento de indignación 
embarga la conciencia cubana. Aparece ya en la arena la figu- 
ra interesante del apóstol Martí : su pluma y su palabra lle- 
van el germen propicio de las grandes cruzadas, las que 
fructifican, las que arrastran las masas á la conquista de 
sus ideales y aspiraciones; es un Cristo que sufre muy jo- 
ven prisiones, persecuciones, deportaciones por su sueño 
amado. Sus artículos son arengas. Sus discursos una carga 
reluciente de caballería cuando evocan el cuadro trágico 
y vergonzante de la colonia, ó tiene arrullos de paloma 
cuando evoca las siluetas de la patria lejana, sus paisajes 
de belleza inmortal. Se le discute por los viejos luchadores, 
pero su figura, su mentalidad, su verbo, su inmenso amor 
á Cuba, son una esperanza para todos. 

En Sancti Spíritus, el General José Miguel Gómez espera 
con ansiedad la hora de volver al campo libertador; en 
aquella jurisdicción, los que organizan una nueva contien- 
da, tienen un gran servidor, un discreto organizador. El 
Gobierno español lo vigila, le sigue sus pasos. Cuando lle- 
gue la hora el cumplirá como bueno. La libertad de Cuba 
es su sueño, su inmenso amor. ¿La vida regalada, las co- 
modidades, los afectos, qué importan, qué pesan cuando 
se llevan bajo la librea del esclavo? 

El 24 de febrero de 1895 marca la hora del nuevo es- 
fuerzo por la libertad y la independencia: á los pocos días 
José Miguel Gómez se subleva en la jurisdicción de Sancti 
Spíritus al frente de una legión de patriotas. 

Su primera acción de guerra "Manajabo" le valió que 
la revolución lo hiciera coronel y le diera el mando de la 



3i 

brigada de Sancti Spíritus. Desde entonces no da tregua á 
su espíritu de organizador como militar. No descansa, no 
permite en descanso. La causa á que se ha dado, apremia. 
Además, la guerra no tiene cuartel. El movimiento, la gue- 
rrilla volante, el ataque al pueblo, el incendio de poblacio- 
nes y cañaverales tienen que ser simultáneos, seguidos más 
bien. Se hace temible. Las fuerzas españolas evaden en- 
contrarle, hacerle fuego. Lleva la ventaja, á su valor indó- 
mito, añade su conocimiento de la región. 

Llega el año 1896 con su serie de victorias para el Ejér- 
cito Libertador. Máximo Gómez, Antonio Maceo y Calixto 
García hacen temblar la colonia que entra en los estertores 
de una dolorosa agonía, en combates diarios y gloriosos. 

Lo ascienden á General de Brigada. Como extiende el 
radio de su mando, aumenta también la actividad. Enton- 
ces cada día es para él la promesa de un combate que ga- 
nará. No le importa muchas veces el número de hombres 
con que cuenta. Ataca abiertamente á cuanta columna es- 
pañola divisa, encuentra en el camino; le hace prisioneros, 
le quita pertrechos y le toma todos sus convoyes. 

La jurisdicción de Sancti Spíritus es un peligro para los 
soldados españoles : aquella brigada tiene á su frente un 
cerebro militar completo, atrevido, temerario. 

Marcha siempre adelante, en primera fila, él quiere diri- 
gir en medio del fuego, no quiere perder un solo detalle del 
combate y quiere dar el ejemplo de valor: en el combate 
de Santa Teresa lo hirieron en una pierna. 

Ascendido entonces á General de División, José Mi- 
guel Gómez, no espera á que se cicatricen las heridas que 
recibiera. Frente á la primera división del 4.° Cuerpo del 
Ejército Libertador imprime mucha más actividad que an- 
tes á sus empeños guerreros. No tiene otra manera de agra- 
decer los grados que le da la Revolución que cumpliendo 
sus grandes deberes, devolviendo una hoja gloriosa de ser- 
vicios, acciones y combates. Así se capta las simpatías de 
los Jefes principales y el cariño y la admiración de sus su- 
balternos. ¿Por qué concentra en la provincia de Santa 
Clara el General Weyler mayor contingente de tropas ? ¡ Ah, 
es necesario extirpar tan valioso elemento revolucionario! 
; Pero, cómo le da jaque, cómo lo pone Gómez con sus 
huestes ! 

"Fué en los primeros meses de aquel año, — dice el bió- 
grafo notable de donde tomo estas notas, — cuando verificó 
con la brigada de su mando y las heroicas legiones trinita- 
rias que acaudillaba el valiente Brigadier Juan Bravo, la 



32 

atrevida toma y destrucción del ingenio Canatuabo, situado 
en el valle de Trinidad, que hasta entonces habíase consi- 
derado einexpugnable á las fuerzas cubanas." 

"El ataque y la sangrienta toma del Jíbaro, defendida 
por numerosos soldados españoles, y la famosa operación 
de guerra efectuada sobre el pueblo de Arroyo Blanco, 
en cuyo lugar fué aclamado el héroe insigne de la jornada, 
lo dieron á conocer como el más notable de los jóvenes 
Generales de la guerra de 1895, por su pericia militar, por 
su valor probado y su acción rápida y decisiva contra el 
enemigo. Fué, por estos méritos, ascendido á Mayor Ge- 
neral." 

"Fué en la guerra el General José Miguel Gómez un ami- 
go sincero y protector de aquella juventud cubana, culta y 
entusiasta que tanto realce dio á la Revolución con su con- 
curso en los campos de batalla. Su Estado Mayor, distin- 
guido y valiente, se componía, casi en su totalidad, de gene- 
rosos y resueltos jóvenes que habían salido de las aulas 
universitarias, en las que cursaban estudios superiores, 
cuando el grito de Baire reclamó, por tercera vez, á los cu- 
banos, el sacrificio de la Independencia." 

¿No hay un alto ejemplo de patriotismo en esa vida? 
¿Quién con más constancia sirve á una causa? José Miguel 
Gómez ha sido uno de nuestros más grandes prestigios re- 
volucionarios : valor á toda prueba, actividad militar, or- 
ganización, firmeza de carácter y convicciones : esta gran 
personalidad es un ejemplo viviente de patriotismo y gene- 
rosidad en las grandes causas. 

Seamos respetuosos con nuestras grandes glorias legí- 
timas. Nada es tan funesto para la vida de los pueblos 
nuevos como la falta de respeto á la propia historia. Vene- 
remos, sí, al General José Miguel Gómez. Nadie más que él 
ha servido á Cuba. Nadie más que él se ha sacrificado á la 
consecución de sus libertades é independencia. Es, dígase 
lo que se quiera, al calor de estrechas y malsanas pasiones 
políticas, una gloria cubana. 



IV 
EN i- A PAZ 



IV 



El día i.° de enero de 1899 á las doce del día cesó la so- 
beranía española en Cuba. Circunstancias excepcionales 
en nuestra historia, no permitieron que al otro día del triun- 
fo de la revolución se constituyera un gobierno provisional 
cubano. Nadie previo que la joint Resolution traía apare- 
jada una intervención extraña. Ni necesidades políticas en 
el país ni el derecho internacional preveían una ocupación 
militar. Que fué buena, fecunda y seria, nadie lo duda. Los 
Estados Unidos destinaron para dirigir el gobierno dos 
militares que eran perfectos caballeros, excelentes organi- 
zadores y hombres celosos del prestigio de su patria: 
Brookes y Wood. 

La nueva situación pareció detener las iniciativas de mu- 
chos que creyeron que todo había terminado con la eva- 
cuación de España. Error craso que no permitió verse por 
las ruidosas alegrías de la libertad.. 

Desempeñó el General José Miguel Gómez importantes 
cargos en el nuevo estado de cosas. Como todo el grueso 
del Ejército Libertador, como toda la sociedad cubana, hu- 
biera querido ver otras soluciones más cubanas, más en con- 
sonancia con el interés del país ; pero por amor á la misma 
independencia había que actuar con más actividad que 
nunca, con más celo, en la consolidación del pueblo cuba- 
no, única condición, dentro de las realidades aquellas, de 
poner final á la situación extranjera. 

Se dice por muchos, que se dieron en los nuevos orga- 
nismos administrativos cargos de importancia y destinos 
á los nativos. El problema del ideal de independencia no se 
resolvía ni con una nómina ni con los acontecimientos que 
se desarrollaron después. Esto podrá mortificar á muchos 
partidarios del Coloso, pero es una verdad inconcusa. El 
sentimiento nacional se iba formando en las escuelas pú- 
blicas donde se ¡les enseñaba á los niños rudimentos de 
Historia de los Estados Unidos. 



36 

El General José Miguel Gómez es electo en aquellos mo- 
mentos delegado por la indómita región de las Villas á la 
histórica Asamblea de Santa Cruz del Sur. Sus grandes 
prestigios revolucionarios, su ejecutoria de patriota irre- 
ductible, sus dotes de caballerosidad y de militar pundono- 
roso, hacen que de aquella representación gloriosa y ge- 
nuina del Ejército Libertador, se le nombrara en comisión 
á Washinton en la que figuraron prominentes cubanos, en- 
tre ellos el General Calixto Garda Iñiguez, de donde vol- 
vió muerto á causa de una grave pulmonía. 

El 4 de marzo de 1899 fué nombrado Gobernador Civil 
de la provincia de Santa Clara. 

Dejo á la Galería de hombres célebres "Cuba" la narra- 
ción de lo que fué y aconteció al General José Miguel Gó- 
mez hasta su elección á la Presidencia déla República. Su 
estilo claro y de tonos elevados dan á este trabajo un en- 
canto que dejo al lector soborear. 

"El General Gómez fué de los primeros que en la juris- 
dicción de Sancti Spíritus tomaron las armas secundando 
aquel movimiento revolucionario, que tuvo un resultado ad- 
verso para los cubanos. José Miguel Gómez obtuvo en esa 
campaña el grado de Teniente Coronel del Ejército Li- 
bertador. 

"Durante largo período de paz aparente que transcurrió 
desde 1879 á 1905, permaneció alejado de las contiendas 
políticas con que entretenía al país el Gobierno de la Me- 
trópoli, interesado en el aplazamiento indefinido de todo 
propósito revolucionario, para favorecer de este modo las 
dificultades que tuvieron los cubanos de realizarlo contan- 
do con el asentimiento del país. 

"En ese largo lapso de tiempo el General José Miguel Gó- 
mez se dedicó exclusivamente al cuidado de los intereses 
de su señor padre, don Mariano Gómez, administrando la 
finca que éste poseía en Sancti Spíritus. Allí estuvo en con- 
sagración constante al trabajo, desempeñando las funcio- 
nes de Administrador de los bienes que habían sido puestos 
bajo su cuidado. Ese cometido lo cumplió satisfactoria- 
mente, dando pruebas de incansable actividad y de una di- 
rección muy acertada. 

"En el año 1895 le vemos aparecer nuevamente, tomando 
parte muy principal en el movimiento revolucionario ini- 
ciado en el extranjero y traído á Cuba por el más desin- 
teresado apóstol de la democracia americana, por el cons- 
pirador irreductible contra la tiranía secular de España, 
por el mártir glorioso de Dos Ríos, por José Martí. 



37 

"El General José Miguel Gómez, que hasta entonces se 
había consagrado al trabajo, bajo la paz, acudió entusiasta 
y dispuesto, como lo estuvo en las dos revoluciones ante- 
riores, á ofrecer su vida, su bienestar y sus intereses á la 
causa augusta de la Independencia Patria. 

"Pocos días después del grito de redención lanzado en 
Baire por el inmaculado patriota Bartolomé Masó, José 
Miguel Gómez se sublevó en Sancti Spíritus al frente de un 
grupo de cubanos amantes de la patria." 

"Terminados los importantes trabajos que tuvo á su cargo 
la Convención Constituyente, fué electo nuevamente Go- 
bernador de la provincia villareña por el sufragio popular. 
En este pusto desempeñó las funciones propias de su cargo, 
con la idoneidad, honradez é inergía que su patriotismo y 
el concepto invariable de sus deberes le imponina. 

"La enumeración de los beneficios que hizo á la provin- 
cia de Santa Clara mientras desempeñó el cargo superior de 
Gobernador que le habían confiado sus conciudadanos, ocu- 
paría muchas páginas de este trabajo. Bastará decir que á 
sus iniciativas y á su actividad excepcionales en el Go- 
bierno, se debieron numerosas disposiciones, tendentes to- 
das éstas á impulsar el progreso material de aquella región, 
que es una de las más ricas de la Isla ; á favorecer el tra- 
bajo, á velar por la moralidad, á gorantir las propiedades 
y la seguridad privada y pública, á estimular la recons- 
trucción del paíis, que acababa de salir de una guerra desas- 
trosa, y á levantar el espíritutico de los cubanos, llamándo- 
los á su lado y estimulándolos con el auxilio material, unas 
veces, y otras con sus más sanos consejos. 

"Entre las memorias anuales del Gobierno Civil de la 
provincia de Santa Clara están consignados los éxitos de 
su gestión gubernativa. 

"Como prueba de notable tacto, dada por el General Jo- 
sé Miguel Gómez durante el tiempo que desempeñó las 
funciones de Gobernador, bastará citar, entre otros, los su- 
cesos de Cienfuegos y Trinidad, los cuales ofrecieron al 
pais ocasión para admirar hermosa ejecutoria de su la- 
bor administrativa y de gobierno, hasta el 27 de septiembre 
de 1905, en que resignó el cargo por haber sido presentado 
como el candidato oficial del poderoso y progresista Partido 
Liberal para la Presirdencia de la República, frente al 
candidato Moderado Tomás Estrada Palma." 

"Poco tiempo antes de alcanzar esta elevada distinción 
que de él hicieron los elementos más populares de Cuba, y 
siendo jefe de los republicanos villareños, que disfrutaban 



38 

los excesivos favores del poder, renunció á éste para lu- 
char en el campo estéril de la oposición. No se registra un 
caso de consecuencia hacia la libertad, superior al realizado 
entonces por el Mayor General José Miguel Gómez. En la 
historia de los partidos políticos cubanos no tiene prece- 
dente su patriótica conducta. 

"En el mes de abril de 1906 creyó que era inevitable la 
acción revolucionaria para contener los excesos vitupera- 
bles del poder constituido y poner fin á un estado de cosas 
que perturbaba hondamente al país, obligando á los cu- 
banos á sufrir una sumisión ignominiosa bajo el despotis- 
mo estradista. Después de los brutales é incalificables su- 
cesos del 22 y 23 de septiembre y i.° de Diciembre de 1905, 
el General Gómez creyó que el patriotismo y los más ele- 
mentales deberes con la Independencia y la libertad nacio- 
nales, imponían la consumación dehechos decisivos que die- 
ran por resultado la terminación de un estado de gobierno 
intolierable por más tiempo. 

"Con ese objeto dedicóse el General Gómez á organizar 
el movimiento revolucionario contra el gobierno estradista 
y su detentador y criminal Gabinete de Combate, elaboran- 
do, en unión de otros distinguidos veteranos de la guerra 
de 1895, el plan revolucionario que tuvo el asentimiento 
general del pueblo cubano, y que culminó gloriosamente, 
después de una serie de luchas memorables, en la anula- 
ción de un gobierno cruelmente tiránico é impopular. 

"El General Gómez fué el alma de este movimiento. A él 
contribuyó con la suma de $2,500 en oro, que puso á su 
disposición uno de sus amigos, y cuya suma era indispen- 
sable para la preparación del mismo. Además, su peculio 
estaba dispuesto para auxiliar los planes ulteriores de la 
Revolución, atendiendo á las necesidades que exigían los 
resultados favorables de la conspiración. 

"Era el propósito del General Gómez dar un certero 
golpe de Estado en la capital; pero la vigilancia secreta y 
excesiva de los agentes del Gobierno, así como la falta de 
discreción y de inquebrantable disciplina con que era for- 
zoso contar para llevar á término, con el éxito más seguro, 
tan aventurada empresa contra el Gobierno, por haber te- 
nido éste advertencia de lo que se trataba, hizo que los 
acontecimientos relacionados con la conspiración se ade- 
lantaran. 

"Habíase convenido, entre él y sus compañeros del Co- 
mité Revolucionario, que no viniese á la Habana, por no 
aumentar la desconfianza del Gobierno. En la creencia, 



39 

pues, de que sus planes aprobados de antemano por el Co- 
mité, serían observados con exactitud, y seguramente por 
interpretaciones deficientes en las disposiciones de envia- 
ba desde Sancti Spíritus á sus compañeros de conspiración, 
fué avisado el 19 de agosto que el General Pino Guerra, 
con otros valientes veteranos, se había sublevado en la pro- 
vincia de Pinar del Río, precipitando de ese modo el mo- 
vimiento. 

"Careciendo entonces del tiempo necesario para adoptar 
medidas acertadas, favorables á la revolución ya comen- 
zada, y para hacer nuevas combinaciones que aseguraran 
el triunfo del movimiento emprendido, hallándose el Gene- 
ral Gómez vigilado estrechamente por las fuerzas públicas, 
en su domicilio de Sancti Spíritus, esperó, no obstante, 
avisos de la Habana para proceder en definitiva. 

"El día 20 del mismo mes de agosto, con conocimiento 
de la prisión del General Monteagudo, en la capital, y de 
Juan Gualberto Gómez y del General Castillo Duany, en 
Oriente, resolvió salir al campo en las primeras horas del 
día 21. Tenía, para efectuar esta operación, que contar con 
algunos antiguos compañeros suyos de la guerra de Inde- 
pendencia, aunque para realizarlo expusiera temerariamen- 
te su vida ante lo peligroso de la situación. 

"No fué posible realizarlo, porque á las cinco de la ma- 
ñana del mismo día señalado por el General Gómez para 
pronunciarse, le sorprendió ver su casa estrechamente cus- 
todiada por la Guardia Rural, deteniéndolo en su propio 
hogar y á la hora referida, el capitán Gabriel González. 

"No era, ciertamente, el propósito del General Gómez, 
llevar á vías de hecho una revolución dilatada y sin con- 
cierto sino un golpe de Estado muy breve, que decidiera 
la suerte del Gobierno y del país. 

"Los sucesos se adelantaron á toda previsión, y él, sin 
una inmediata comunicación con sus compañeros, casi ais- 
lado en Sancti Spíritus, fué sorprendido por sucesos que 
modificaron virtualmente el plan approbado por el Comité 
Revolucionario de la Habana. 

"Conducido el General Gómez á la cárcel de la capital, 
prestó desde allí su apoyo á la Revolución, y siempre es- 
tuvo en contacto con ésta hasta el momento de su excar- 
celación, llevada á cabo por orden de los comisionados del 
ilustre Teodoro Roosevelt, los cuales pusieron en libertad 
á todos los que estaban comprometidos en la patriótica em- 
presa de salvar á Cuba. 



40 

"Efectuada la paz por la intervención de los Estados 
Unidos, según fué solicitada por Estrada Palma, es hoy la 
candidatura Presidencial del Mayor General José Miguel 
Gómez la que expresa el sentimiento y la voluntad del pue- 
blo, acogiendo éste con delirante entusiasmo su nombre glo- 
rioso para que ocupep la más alta representación del Po- 
der, al ser restablecida la República. 

"La característica de sus elevados sentimientos es la 
extrema afabilidad sugestiva de su educación y de su tem- 
peramento, cualidad superior en el hombre político, que 
trae á la memoria el recuerdo perdurable de Martí, y que 
coloca al General Gómez en el elevado pedestal de la ad- 
miración y del cariño de sus conciudadanos. 

"Sus sacrificios por la libertad de Cuba, la grandeza de 
sus empeños en elevar á su pueblo y su identificación con 
las ideas democráticas, le han convertido en el represen- 
tante más ilustre de las aspiraciones, de los sentimientos y 
de la personalidad cubana." 



V 
EL. POLÍTICO 



V 



Lo interesante, el aspecto más digno de análisis en la 
personalidad que estudiamos, es el político. Cualquiera 
que sea el punto de vista desde el que se le juzgue, cual- 
quiera que sea el partido en que se milite, no podrá negarse 
que el General José Miguel Gómez ha sido un hombre 
avesado, experimentado, sagaz, en la vida pública de 
su país. Cuando organiza un partido, cuando dirige una 
campaña, cuando tiene un problema grave que resolver, 
sus pasos, sus decisiones llevan el sello de una sabia, inte- 
ligentísima dirección. La victoria es su divisa siempre. Ha 
tenido equivocaciones; al fin y al cabo, mortal y humano 
es; pero hay en él sinceridad, honradez, patriotismo; jamás 
flaquearon sus intenciones en el menor de los actos que 
afectaban al bienestar de Cuba; no lo asustaron jamás cam- 
pañas interesadas y sectarias. José Miguel Gómez conoce 
demasiado el fondo de muchas griterías, de muchos com- 
bates. . . 

Su inmensa popularidad mortificaba á muchos. Era la 
muerte política de otros. Su aureala de libertador obscure- 
cía ciertas gloras reflejas. Su pueblo lo quería y lo sigue 
queriendo á pesar de todos los pesares. Es un prestigio na- 
cional. En la lucha política es un aliado formidable ó un ad- 
versario de quien pueden esperarse todas las noblezas, todas 
las consecuencias; pero ninguna posición, porque todas las 
ha tomado. Y las mantiene, lo que no han sabido hacer 
otros. No necesita de los golpes audaces, de los efectos fal- 
sos de las imposiciones convulsivas; tiene un gran cerebro 
que adivina los caminos rectos; hay serenidad bastante en 
su alma y es por encima de todo un patriota. Esto es lo 
único que lo detiene, que lo enamora, que lo obsesiona. Por 
Cuba todo, todo, todo. ¡ No en vano ha abandonado cuatro 
veces el bienestar de la familia, sus riquezas, sus grandes 
prestigios sociales para poner toda su existencia al servicio 
de las patrias libertades! 



44 

Su táctica en la guerra es su procedimiento político en la 
paz. Esto lo han olvidado muchos que creyeron podían en- 
gañarlo. Conoce demasiado sus deberes no ya patrióticos, 
sino políticos. Cuando se coaliciona con las fuerzas del 
■doctor Alfredo Zayas y triunfa, va al Gobierno con las in- 
tenciones de hacer administración por y para el país, con 
el Partido Liberal. ¿Qué sucedió? Todos sabemos que ese 
organismo político no hizo obra de solidaridad, de compe- 
netración. En su seno, dicho sea con honda tristeza, la di- 
sensión creó dificultades, originó conflictos, tomó actitudes 
falsas y airadas. ¿Razones de patriotismo?, de alto interés 
nacional? No. Ambiciones, prebendas, sinecuras, intrigas. 
: Quién obligaba al General José Miguel Gómez á identifi- 
carse con quienes lo combatieron, lo denostaron y amenaza- 
ron con más bríos que la misma oposición? Nada ni nadie. 
Tenía el propósito de sortear todas las dificultades y así 
lo hizo. Si había ido al Partido Liberal, con honradez 
y buenos propósitos, si sus elementos más sanos, más re- 
presentativos, más valiosos secundaban su obra, por amor 
al Partido Liberal mismo y por cariño á Cuba y á su obra, 
la de ese mismo partido ante el juicio de la historia, nada 
le haría retroceder en lo que él estimaba cumplimiento de 
■rríuy sagrados deberes. Tuvo junto á él la aprobación de los 
buenos liberales, de los que amaban el buen nombre del 
Partido. 

Hay que mirar las cosas públicas con rectitud de princi- 
pios y elevación de propósitos. El interés propio es muy 
sagrado porque es una forma de la lucha por la vida ; pero 
nada hay más sagrado, ni más respetable que el interés de 
la patria. Este interés ponía un deber inexcusable en los 
hombres del Partido Liberal. No se hizo. Y se aguzó la 
nota. José Miguel Gómez tomó sus posiciones. Las agita- 
ciones públicas aumentaron, los recelos aparecieron y no 
hubo día que el Gobierno no se viera maltratado, ofendido, 
calumniado, acusado en todas las formas. Se intenta derro- 
carlo por medio de intentos convulsivos. Pero el Gobierno 
está fuerte. El Ejército es una garantía de paz. 

El esfuerzo que se realiza para restalre prestigio, popula- 
ridad y fuerza política, es inconcebible. Se agotan todos 
los recursos imaginables. Se usan, se tocan todos los re- 
sortes, pero nada da resultado. 

Completa este cuadro de inconsecuencias y de dificulta- 
des una prensa sectaria que lo ataca sin descanso, que usa 
de todos los procedimientos que se le ponen al alcance. El 



45 

artículo de fondo y la información, el comentario á la ac- 
tualidad y el suelto pequeño aparecen cotidianamente sin 
otro objeto que denostar al Gobierno. La democracia está 
en buenas manos. Tiene todas las garantías. La libertad de 
la prensa y de la palabra tienen asegurados sus derechos 
aunque tenga por olvidados sus deberes. Se puede decir 
do que venga en ganas sin temor á nada ni á nadie. Hay 
momentos en que una nota de policía, en la que nada ha 
hecho la política, se toma como motivo de escandalosa cam- 
paña. Un decreto es una serie de gratuitas importuras. 
El mensaje presideneical se combate, discute, se niegan sus 
verdades, se desmienten las afirmaciones de beneficios al- 
canzados que todos ven, palpan, pero que conviene escon- 
der. Los presupuestos levantan una polvareda de insultos, 
falsedades, calumnias, aunque los servicios públicos que- 
den á medias . . . 

La oposición combate, discute, pero no hace más que 
defender legítimos intereses. No toda ella tampoco usa de 
los procedimientos extremos. Cuando habla por medio de 
su jefe, del pensador y filósofo Varona, no parece ser un 
aspecto mero de la oposición, sino algo que el gobierno 
acata y muchsa veces acepta y cuyos consejos sigue. 

¿Qué situación sortea con más éxito las dificultades que 
le han rodeado que la del General José Miguel Gómez? 
¿ No se le combate rudamente ? ¿ No hay momentos en que 
se llama la atención de extraños gobiernos, sin que dejen 
de estar perfectamente garantidas vidas y haciendas de 
propios y extraños? 

Levantemos el espíritu para juzgar la obra del General 
José Miguel Gómez. Véasele en cualquiera de esos mo- 
mentos de crisis para su gobierno, no perder el tino ni la 
mesura. El ha probado cuánto ama á Cuba, cuánto es ca- 
paz de hacer por ella misma. 0|tro hombre no hubiese to- 
mado sus discretas orientaciones. En su corazón jamás cu- 
pieron ni la traición ni la perfidia. Es noble con esa pro- 
verbial nobleza cubana que hizo de esta sociedad un lugar 
bendito para el trato de los hombres. 

En las luchas políticas en que han tomado parte la en- 
tereza de carácter y la noción precisa de las necesidades na- 
cionales, lo habrán hecho actuar en sentido inverso ó con- 
trario á los intereses ó criterios de algunos amigos, pero 
fueron siempre los fundamentos irreductibles de su gran 
programa de patriota y político. 

Lealtad y generosidad caracterizan siempre el menor de 
sus actos en el seno de su vida privada ó de sus actos pú- 



40 

blicos. Es de esos hombres á quienes, una vez tratados, crean 
el vínculo de una eterna simpatía. Hablar con el General es 
sentirse su correligionario, su amigo. Tal es su poder de 
atracción. Cuando habla de Cuba lo hace con veneración, 
con amor, con sanos entusiasmos. Conoce su historia pro- 
fundamente. De la identificación con los anales de su pue- 
blo ha surgido en él un concepto de patriotismo que nadie 
ha superado. Así cuando ha tomado una de esas determi- 
naciones en que para discutirse, analizarse ó juzgarse se 
ha usado de la suspicacia y de la ligereza, en su alma una 
sutil ironía, una melancólica nostalgia de la vida privada 
arranca del fondo de muchas de sus conversaciones y 
cartas . . . 

Una nota pura, hermosa, se destaca del fondo de todas 
las irritaciones políticas: el hogar del General José Miguel 
Gómez. Allí la recompensa al sacrificio, el olvido á la in- 
gratitud; junto á su esposa, junto á sus hijos, el gran pa- 
triota olvida las impurezas de la vida política y donde quie- 
ra que torna la vista sólo palpa caricias, miradas sinceras, 
puras. . . 

Yo me imagino aquel hogar en las horas en que su ser 
más querido era discutido con saña, calumniado sin tregua, 
gratuitamente, inconscientemente ! 

Sirvan estas sinceras páginas de homenaje á tan grandes 
virtudes, y sean la mejor prueba de que no todo es miseria 
ni calumnia en la gobernación de un pueblo . . . 



VI 
SU OBRA 



VI 



La obra del General José Miguel Gómez desde la Pre- 
sidencia de la República de Cuba, no cabe ni con mucho 
dentro de los límites de un libro como el que el lector 
tiene ante sus ojos ; pero sí trataremos de dar, siquiera so- 
meramente, una impresión de las grandes mejoras, grandes 
beneficios que para el país entraña. 

"Al reasumir en 28 de enero de 1909 el pueblo cubano 
su propio gobierno, se encontró — copio del folleto "Cuba 
bajo la administración Presidencial del General, Habana, 
191 1 — como expuso al Congreso de la Nación el Jefe 
•del mismo en su Mensaje de 5 de abril de dicho año, ante 
problemas fundamentales, obligado á resolverlos rápida- 
mente, el problema de la situación financiera del país, el 
problema de la organización del Poder Ejecutivo confor- 
me á un nuevo plan; y el problema político bajo una faz 
también nueva para nuestros hombres públicos. " 

Cómo lo realiza esta Administración es cosa bien sabida 
y bien vista por todos. Olvide el lector por un momento que 
no está en la sesión del Comité de barrio ni en el corrillo 
del café, donde la oposición á grandes gritos le brinda 
oportunidades de asumir actitudes interesantes y cívicas. . . 
y responda á sus propias interrogaciones. 

Comprenderá que esta peculiaridad de nuestro modo 
de actuar en política, nos ha cegado y que en orden á lo 
que ello influye en el desenvolvimiento nacional mismo, si 
ha habido errores, equivocaciones, á nosotros mismos lo 
debemos. No hemos sabido cooperar á la obra del Go- 
bierno. Nos ha parecido más patriótico colocarnos frente 
á él. La opinión sistemática, el ataque rudo, el artículo de 
periódico escandaloso, auguraban un prestigio de hombres 
valientes y de caracteres enteros que nos hacía muchas ve- 
ces perder de vista altas necesidades políticas de serenidad 
y discreción y deberes muy sagrados con la patria. 

No es un defecto de la vida política cubana. 



So 

Es algo común á todas las democracias del mundo. Es el 
mal del régimen de gobierno popular. Es la historia repi- 
tiéndose. Es Sócrates juzgado por el tribunal plebeyo... 

Esta Administración es una página interesante de lo que 
es la opinión pública en época de apasionamiento político 
y de formación para una sociedad. 

Sólo que entre nosotros la nota estéril se aguza. Y véase 
hasta qué punto se lleva la inconsciencia del análisis de la 
cosa pública por aquellos más llamados á proceder de otro 
modo, que el mero hecho de que otro pueblo esté tranquilo, 
con paz á todo trance bajo una tiranía extranjera — así co- 
mo suena — para que alguno de nuestros doctos, inteligen- 
tes, quiera acto seguido trocar la dignidad de la República 
por las villanías de una nueva colonia . . . 

El conocimiento, á veces desde lejos — yo diría descono- 
cimiento absoluto — de lo que es la civilización norteameri- 
cana — sin establecer paralelos con otras tan avanzadas ó 
acaso mejores — ha hecho que más de uno recomendara pro- 
tectorados ó anexiones. Para muchos la grandeza atrevida 
del "Skysereper" es trasunto fiel de una política de ul- 
tramar. 

Gobernar en medio de esa tempesetad de pasiones, de 
contradicciones, de ataques rudos y violentos, oponiéndose 
á veces hasta obstáculos y amenazas, y vencer todas las 
dificultades y sacar triunfante y victoriosa de los temerosos 
escollos de la ruta, la nave del Estado .¡ ah ! bien merece 
la gratitud y el aplauso de todos los hombres de buena vo- 
luntad y la ratificación solemne de que al fin de la jorna- 
da, nos sentimos orgullosos de haber consolidado la Re- 
pública y sus instituciones por un gobierno y un Presiden- 
te cubanos . . . 

La inauguración de la nueva situación cpbana se encuen- 
tra con el Tesoro exhausto, maltrecho, pobre. La interven- 
ción segunda — tan admirablemente llamada Proconsulado 
de Magoon — había sido desastrosa desde el punto de vista 
económico. ¡ Veinticuatro millones de pesos mañosamente 
gastados en obras públicas inservibles ! Y el país desorien- 
tado, sin crédito fuera ni dentro. 

La reconstrucción del Tesoro Nacional requería empe- 
ños superiores, tacto, competencia financiera, noción clara 
y precisa del estado de la nación. Poco á poco va reali- 
zándose la magna labor. El Gobierno, á despecho de ago- 
reros y descontentos va cubriendo sus más grandes compro- 
misos. Los presupuestos son enormes ; pero responden á ne- 
cesidades públicas indiscutibles. ¡Y son la mejor demostra- 



5i 

ción de que este Gobierno tiene solvencia y potencia econó- 
mica ! Poner en circulación en el corto espacio de cuatro 
años más de ciento cincuenta millones de pesos, no per- 
mitirían hacer de las Secretarías del Despacho, oficinas 
de beneficencia ó sociedad de socorros mutios dispuestas 
á pagar sueldos y dietas al primer descontento que se pre- 
sentara, pero han contribuido á consolidar nuestra fuerza 
financiera. 

Y no se diga que la petición de pago inmediato á ciertos 
contratistas ponían á las claras una bancarrota que jamás 
ha existido. Ello obedece á razones que la honradez y la 
dignidad rechazan tan siquiera tratar. Regularmente no, 
siempre ha obedecido á los temores de que el incumplimen- 
te ó la burla sangrienta de lo estipulado con el Gobierno, 
fuera una imposiblidad de cobro. Una diplomacia poco es- 
crupulosa ayudada por una prensa sectaria, dieron legali- 
dad y apariencias de verdad á verdaderos atracos al Teso- 
ro Nacional. 

El comercio crece, se desarrolla, extiende sus fecundas 
actividades. La banca se consolida. Las aduanas ven aumen- 
tar sus ingresos. Los valores rinden mayores dividendos, 
y en todo el país un vértigo de producción y trabajo augu- 
ra días de riqueza y bienestar . . . 

En la Habana, las agitaciones de la vida pública cierran 
las ventanas que divisan toda la verdad acerca de nuestra 
situación. En las ciudades todo es arenga de mítines, intri- 
gas de comités, escándalos en las Asambleas, prensa libe- 
lista y agitadora. . . Pero en el campo el surco se abre y la 
tierra responde en cosechas asimbrosas y cuando se bus- 
can las estadísticas de la producción azucarera, se ve que 
bajo la Administración del General José Miguel Gómez, se 
ha hecho la zafra más grande que recuerda Cuba. 

La organización de los servicios públicos constituye una 
gran dificultad para el nuevo Gobierno, si se tiene en cuen- 
ta que no son simultáneos dicha organización y dichos ser- 
vicios, sino palarelos. Las leyes redactadas por la Comisión 
Consultiva, especialmente la del Poder Ejecutivo, abren una 
nueva era, establecen un mecanismo, muchas veces diame- 
tralmente opuesto al practicado hasta el día; pero este Go- 
bierno hace la innovación lentamente pero de manera plau- 
sible y competente. Para atender este aspecto de la vida 
nacional, hay Secretarías, como la de Gobernación,, por 
ejemplo, que crean organismos especiales para definir los 
verdaderos alcances de dichas leyes especiales. 



52 

Esta Secretaría se encontró diversas veces ante serias 
alteraciones del orden público. La más importante de todas 
fué, sin duda, la conocida por Rebelión Racista, que se cir- 
cunscribió á Oriente. La obra trascendental, de más im- 
portancia, que este Gobierno ha realizado en Cuba, es la 
de haber concluido con los brotes convulsivos. 

Aquellos momentos fueron de verdadero peligro para la 
nación. Si la normalidad de vida quedaba 'suspensa ante 
los peligros de la canallesca revuelta — fueran blancos, fue- 
ran negros — el peligro de una tercera intervención amena- 
zaba la vida de la República y de la sociedad cubana. 

El Gobierno se sintió fuerte. Garantizó vida y haciendas 
y venció á los sediciosos de manera rápida y decisiva. De- 
volvió al país la tranquilidad ; la vida nacional volvió á sus 
cauces serenos. . . 

No se perdió la gran oportunidad que semejante estado 
de cosas ofrecía á agoreros y descontentos. Al Gobierno se 
le conceptuó cómplice del criminal atentado. La bajeza de 
semejante calumnia tuvo su recompensa en que la Admi- 
nistración del General Gómez, con energía, con patriotis- 
mo sin igual, salvara á la sociedad cubana de las garras 
de agiotistas nostálgicos y mercaderes propicios, inheren- 
tes ó copartícipes de Intervenciones ó Proconsulados. 

El General José M. Gómez ha sabido en estas situacio- 
nes proceder como un verdadero hombre de estado. Ha te- 
nido la noción clara y precisa de las responsabilidades que 
había contraído ante su pueblo y la historia. Al margen de 
cada ataque, de cada calumnia, coloca el interés de Cuba y 
la satisfacción del deber cumplido. 

Hay algo que realiza esta situación que tiene una impor- 
tancia real, enorme, trascendental para Cuba : la labor de 
la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. 

La reforma de la escuela cubana ó mejor aún su digni- 
ficación, constituyeron el punto de partida que se le impri- 
me á su mecanismo. El maestro está mejor retribuido y se 
le aumentan sus haberes. Se le estima en la importancia de 
su cargo y se le hace inamovible, respetado. La Secre- 
taría ha sido en todo momento un auxiliar eficaz, no ya en 
lo técnico sino en lo administrativo. Las aulas aumentan. 
La cultura se extiende, y haciéndose cargo de necesidades 
de alta política ó pedagogía, abre á obreros la oportunidad 
de escuchar de doctos labios importantes lecciones sobre 
diversos asuntos, ajustados á un plan práctico ,de conve- 
niencia pública. 



53 

La Fiesta del Árbol y la Jura de la Bandera rematan el 
cuadro hermosísimo que ante los ojos de propios y extra- 
ños, presenta un organismo laborioso, inteligente, docto, 
competente. 

No le basta. Cree que su m,isión no termina en la Escue- 
la Pública. Tiene ambiciones de alta cultura. La difusión 
de las bellas letras y del arte van á tener una dirección; 
guardadores eficaces y protectores entusiastas y la Acade- 
mia Nacional de Artes y Letras se crea y se inaugura de 
manera brillante el día 30 de octubre de 191 1. 

Un pueblo sin historia es un cuerpo humano sin circula- 
ción. Es una sociedad sin nexo moral entre sí misma y su 
propia obra. Por lo demás, en Cuba está diseminada en ar- 
chivos privados y bibliotecas particulares y necesidades de 
alta educación política aconsejan su redacción y la Secre- 
taría de Instrucción Pública crea la Academia de la Histo- 
ria, teniendo en cuenta para la formación de tan impor- 
tante cuerpo los antecedentes históricos é intelectuales de los 
que han de formar parte de la misma. 

En Sanidad, en Hacienda, en Estado, en Justicia y Agri- 
cultura, la labor es grande y sostenida en pro de los inte- 
reses públicos, y por este gobierno desfilan hombres de res- 
petabilidad moral y patriótica. 

No era posible en el corto espacio de un folleto trazar 
el cuadro completo de lo que de beneficioso y trascendente 
para Cuba ha realizado la Administración del General José 
Miguel Gómez. Creemos, sin embargo, haber demostrado 
á grandes líneas, que ha habido progreso, mejoramiento 
real, efectivo, efinitivo, ¡pese á agiotistas y descontentos 
de toda situación cubana ! 



VII 
CONCLUSIONES 



VII 



Hemos tratado de esbozar á grandes rasgos la personali- 
dad revolucionaria, política y administrativa del General 
José Miguel Gómez, Presidente de la República de Cuba, 
durante el período constitucional de 1909 á 191 3. 

Pero antes de abandonar una obra en la que hemos pues- 
de todas nuestras convicciones de patriota y todos nues- 
tros sinceros puntos de vista como escritores, queremos 
emitir nuestro juicio sobre los últimos actos de esta Admi- 
nistración, que vienen á probar, una vez más, la razón que 
teníamos al exclamar que nos sentíamos orgullosos de per- 
tenecer á una sociedad cuyo gobierno había demostrado 
que la garantía de vida y haciendas, el progreso, el imperio 
del derecho y de la justicia, el reinado de la libertad eran 
corolario hermoso, compatibilidad indiscutible con un go- 
bierno y una situación cubanos ! 

Artífice de esa obra de significación y trascendencia na- 
cional; obrero infatigable de esa hermosa tarea, dirección 
competente y serena y paciente de la consolidación de la 
independencia nacional ha sido el General José Miguel 
Gómez. 

Cuba le está reconocida por todos los inmensos servicios 
prestados á sus libertades, á sus instituciones, á la Repú- 
blica. Cuba, téngalo por seguro el gran patriota, lo ama, 
lo estima una de sus más legítimas glorias; su nombre es 
un alto pendón de nobles enseñanzas cívicas, un rayo de 
luz hecho generosidad, sacrificio ejemplar, serenidad de 
alma, fuerza de mente y elevación de espíritu, en un mo- 
mento en que los más lo juzgaban arrebatado por el ven- 
daval de todas las pasiones políticas, que no respetaban ni 
la dignidad de la patria, su soberanía, su independencia, 
cuando cotidianamente invocaban ó llamaban al tutor ó 
al amo ! 

i¡ Sea vuestra firmeza de carácter, sea el éxito de vuestra 
gestión en la dirección de los destinos de nuestra idolatra- 



58 

da Cuba la vergüenza de vuestros detractores, de los eter- 
nos enemigos de Cuba! 

Este Gobierno ha presidido unas elecciones legales, hon- 
radas, que ha perdido el Partido del Gobierno. En la Amé- 
rica Latina se ha creído que es una novedad : para nosotros 
es una cosa sencillamente natural. A menos que la cultura, 
el derecho, la justicia, la civilización sean patrimonio ex- 
clusivo del pueblo anglo-sajón de este continente. 

Dejemos este aspecto del problema. Entremos en el 
más necesario de discusión, de aclaración : la derrota elec- 
toral del Partido Liberal en los recientes comicios de 19 12, 
achacándose á traiciones del General José M. Gómez. ¡ Nada 
tan vulgar ni pobre en sus intenciones ! 

El General José Miguel Gómez hizo cuanto pudo por 
unir al Partido. Eso quiso de sus amigos. Las intransigen- 
cias de una minoría quebró de una vez para siempre la uni- 
dad liberal y mató las probabilidades de un triunfo electo- 
ral. La correspondencia publicada á ese respecto por el pro- 
pio General Gómez después de su valiente y honrado Ma- 
nifiesto al país, en el que ponía su criterio sobre el problema 
presidencial, lo prueban hasta la saciedad. Por eso, ahora 
que abandona la Presidencia de la República, su labor uni- 
ficadora debe continuarla. Su entereza de carácter, su tacto 
político, sus grandes prestigios históricos y morales lo ca- 
pacitan para tan magna empresa. Es más, nadie más auto- 
rizado que él. 

Quien supo mantener contra viento y marea el Par- 
tido y sus prestigios en las riendas difíciles de su Ad- 
ministración, natural es que lo dirija en los no menos com- 
plejos, trascendentales momentos de la oposición. Es más, 
la retirada del General José Miguel Gómez ahora, á su casa, 
sería echar á perder toda su obra fecunda y generosa para 
Cuba. 

La oposición, el Partido Liberal, sin la dirección de su 
gran cerebro político, sería su disolución. 

Cuba exige de él tan grande, pero salvador sacrificio . . . 

¿Sus últimos actos de gobierno? Se habla de alteración 
de orden público, y por sí y ante sí hace declaraciones que 
lo honran y analtecen; su mensaje sobre la inmunidad par- 
lamentaria hace el retrato de su elevado criterio político, 
cubano; pero su más noble gesto ha sido, sin duda, la pro- 
posición de vender algunas propiedades de la Iglesia y el 
Gobierno para concluir la obra magna denuestro renaci- 
miento universitario. 



S9 

El se va á su hogar satisfecho de haber cumplido sus 
grandes deberes y quiera Dios que quien tan hermosa, tan 
dignamente ha servido á Cuba como revolucionario, como 
•político y como Presidente, viva muchos años, para que 
persista en ofrendarle sus virtudes y talentos de ciudadano 
excelso. 

¡Es un orgullo y una necesidad nacionales cubanos! 

Rodolfo z. CARBAEEAE. 
Febrero, 1913.